Tengo 44 años y, si echo la vista atrás, me doy cuenta de que he pasado más tiempo encima de un tejado que en el sofá de casa. Empecé bastante joven, ayudando a un familiar, y acabé enamorándome de estar aquí subido.
Lo que venía contando, es que he trabajado con tejados antiguos, de los que la gente piensa cuando los ve que están hechos para durar… no como los de ahora. Y te lo digo con sinceridad: no pueden estar más equivocados… Los tejados actuales son mucho mejores. Lo que pasa es que ahora tenemos que hacer reparaciones de vez en cuando para que todo siga perfecto. Cuando antes, si había goteras, nuestra madre ponía un cubo y nos quedábamos tan anchos hasta el año siguiente.
La resistencia y durabilidad de antes
Cuando empecé, me tocó restaurar muchas cubiertas antiguas. Tejados de teja curva colocada a mano, estructuras de madera maciza, mortero… todo hecho a mano. Eso está muy bien y es muy bonito, pero también tenían sus problemas.
Primero, el peso. Aquellos tejados eran auténticos monstruos. La estructura tenía que aguantar muchísimo, y eso significaba que tenían que tener vigas gruesas, más material y que los materiales de la base también fueran gordos y resistentes.
Luego estaba lo del aislamiento, o, mejor dicho, la falta de él. Antes no se pensaba tanto en esas cosas. En invierno te morías de frío y encendías la chimenea y en verano, dependiendo de donde vivieras, lo pasabas mejor o peor. Para el frío había ropa, mantas y fuego y para el calor, sombra.
Y no hablemos de lo que se tardaba en construir la casa y el tejado…
Eso sí, hay algo que siempre se dice y que tiene razones para ser verdad: duraban mucho. Pero claro, tenían sus cosas y la gente se aguantaba. Ahora tenemos una gotera y nos echamos las manos a la cabeza, llamando al técnico el día de navidad.
Los tejados modernos están hechos con mucha más cabeza
Hoy, para construir algo todo está planeado, nada de improvisar cada teja como se hacía antes.
Todo lo que compone los tejados de ahora está diseñado para funcionar como un conjunto. Material para la impermeabilización, ventilación, aislamiento… todo pensado para encajar con lo demás.
Para las tejas, ahora hay cerámicas tratadas, hormigón técnico, incluso materiales sintéticos que imitan las tejas antiguas, pero con mejor rendimiento.
Y lo mejor es que te encajan todas. Las piezas vienen diseñadas para evitar filtraciones, mejorar la evacuación del agua y facilitar la instalación.
Lo barato sale caro… pero no como crees
Una de las conversaciones más habituales con clientes es el tema del precio. Porque la gente siempre viene con sus ideas en la cabeza…
Un tejado antiguo, si lo quisieras hacer hoy tal cual se hacía antes, sería carísimo. Mucho más que uno de los de ahora. ¿Por qué? Porque requiere más mano de obra, más tiempo y materiales que ya no se producen como antes.
En cambio, los de hoy se instalan más rápido, requieren menos horas de trabajo y, aunque algunos materiales puedan parecer más caros, el conjunto te sale más económico.
La gente se asusta cuando le dices una cantidad de dinero inicial, pero lo que no entienden, es que se ahorran gastos a largo plazo.
Un tejado de los de hoy, bien instalado reduce el gasto en calefacción y aire acondicionado. Evita reparaciones constantes. Y eso, con los años, se nota muchísimo.
Hay que admitir que ya no estamos hechos para vivir como vivíamos antes. Pasando frío, calor, con goteras y con bichos y olores desagradables. Es la verdad. Hasta los que tienen granjas, tienen su casa un poco más lejos de la granja. Cuando antes vivían con el establo debajo o al lado.
Hay que aceptar que necesitamos cosas que se puedan reparar y remplazar rápido y que nos mantengan a temperaturas buenas y cómodos todo el año.
Lo que ha cambiado al instalarlo
Antes, instalar un tejado era casi un arte. Mucha experiencia, mucho ojo y mucha improvisación. No había planes, ni piezas especificas ni nada.
Sin embargo, hoy todo está medido. Las capas, los materiales, los sistemas de fijación… cada paso está pensado y planeado, para poder reproducirlo una y otra vez y a gran escala.
Ahora solo necesitas entender cómo funcionan los materiales, cómo respira un tejado, cómo se comporta la humedad, el calor… Y, eso no hace a la gente de ahora saber menos, sino saber de forma distinta y aplicar esos conocimientos de una manera más inteligente.
Y, por supuesto, se puede instalar todo de una forma mucho más segura… Antes se trabajaba casi sin protección y con poquísimos medios. Hoy hay normas, equipos de seguridad, sistemas que nos hacen el trabajo más seguro. Eso se agradece mucho.
Lo mejor de los tejados de ahora
Si tuviera que señalar una diferencia fundamental entre el de antes y el de ahora, sería el aislamiento. Ya lo he dicho… lo de antes no aislaba. Pero es que lo de ahora, por aislarte, te aísla hasta del ruido, de los olores… de muchas cosas, no solo del frío o el calor.
Hoy, un tejado bien hecho es una capa protectora completa. Se usan materiales aislantes que regulan la temperatura, reducen el ruido y mejoran el confort dentro de la casa. Lanas minerales, paneles rígidos, membranas transpirables… todo fabricado para que la casa respire.
Todo esto te asegura una buena estancia en la casa y menos problemas a la larga. Menos probabilidad de humedades, menos insectos y plagas, menos olores fuertes del campo, menos grietas… ¿Todavía no te convenzo?
La maquinaria para trabajar mejor
Antes todo era mucho más bruto. Más espalda que cabeza, más horas que precisión. Subíamos los materiales casi a pulso, con poleas o directamente cargándolos. Me acuerdo de acabar el día con los hombros reventados, las manos llenas de cortes y tirarme en la cama como si me hubieran dado una paliza.
Cortar piezas también era otra historia. Radiales básicas, cortes a ojo muchas veces, y si te equivocabas… pues tocaba repetir y perder tiempo. El resultado dependía muchísimo del pulso y la experiencia.
Por ejemplo, las grúas telescópicas compactas. Esto, para mí, fue un antes y un después. Donde antes necesitabas varias personas subiendo material durante horas, ahora colocas un palet entero de tejas en el tejado en cuestión de minutos. Y no solo ahorras tiempo, es que reduces riesgos. Te agotas menos, es más seguro, te da menos desgaste. Parece una tontería, pero cuando llevas años en esto, es calidad…
También están las herramientas eléctricas de precisión. Atornilladores de par regulable, clavadoras neumáticas, sierras de corte fino… todo pensado para que cada pieza encaje como debe. Esto ahora es “vale perfecto o no vale”. Y eso se ve en el resultado final, en cómo responde el tejado con el paso del tiempo.
Los sistemas de corte también han mejorado una barbaridad. Mesas de corte con guías, discos específicos para cada material… puedes ajustar al milímetro sin tener que improvisar. Antes cortar una teja o una pieza especial era casi un arte milenario, ahora, aunque tengas que tener algo de técnica, tienes herramientas que te ayudan a hacerlo bien.
En esto, mis amigos de Cubiertas Estévez coinciden conmigo… los equipos de medición digital, son lo que más ha hecho la diferencia en estos años… Parece magia: niveles láser, medidores de pendiente, incluso dispositivos que te marcan irregularidades que a simple vista no ves. Esto evita muchos problemas antes de que aparezcan. Es como tener un segundo par de ojos, pero más precisos y sin cansarse.
Aunque, si tuviera que quedarme con una sola máquina, sin dudarlo me quedaría con la grúa telescópica. Puede sonar poco técnico comparado con otras herramientas, pero es la que más ha cambiado el día a día. Te ahorras horas, te cuida el cuerpo y hace que todo el proceso sea mucho más eficiente desde el principio. Es de esas cosas que, una vez la usas, no entiendes cómo trabajabas antes sin ella. Yo todavía, no me lo explico.
Todos estos avances, valen oro.
Los tejados modernos son mejores y punto
Aquí es donde más de una vez me he calentado en una conversación, te lo reconozco. Porque hay algo muy metido en la cabeza de mucha gente: esa idea de que lo de antes era mejor. Y, te miran como diciendo, qué porquería me estás montando… Mi abuelo lo hacía de esta manera, con esta madera, con esta cerámica… Todo eso me pone enfermo.
A ver si nos enteramos de que los tejados de ahora no es que sean mejores porque sí, es que están pensados para evitar problemas desde el principio. No es lo mismo reaccionar cuando ya hay una gotera que diseñar todo el sistema para que esa gotera nunca aparezca. O para poder solucionarla en media hora.
Antes asumías que el tejado te iba a dar guerra cada cierto tiempo. Era ley de vida. Ahora no. Un tejado bien hecho hoy puede pasar años sin que tengas que subirte a mirarlo, es la verdad.
El aislamiento de ahora es una maravilla… y lo que pesaba un tejado antes… Eso era un mastodonte. Hoy trabajamos con materiales mucho más ligeros que cumplen igual o mejor, lo que hace que la vivienda sufra menos con el paso del tiempo. No es lo mismo que la estructura cargue con 8 toneladas de peso, que cargue con 5.
Otra cosa es la precisión, el nivelado… Antes había mucho hecho a ojo y a intuición. Ahora todo está medido.
Y luego están las filtraciones y la condensación… esas dos palabras que cualquier tejadista conoce bien. Antes eran casi inevitables con los años. Ahora, con membranas, láminas transpirables y sistemas de ventilación, se controlan muchísimo mejor.
Lo que pasa es que, claro, los tejados modernos no tienen esa estética imperfecta que a muchos les resulta entrañable. No cuentan historias a simple vista. Son más limpios, más uniformes… más serios, por decirlo de alguna manera. Y entiendo que eso a algunos les eche para atrás.
Esto no te lo enseñan en cursos ni manuales
Un buen tejado no lo hacen solo los materiales. Lo hace la mano que lo coloca.
Puedes tener el mejor sistema del mercado, el más moderno, el más caro… que, si se instala mal, te va a dar problemas. Antes o después, pero los dará.
He visto de todo. Tejados modernos recién hechos que al año ya tenían filtraciones porque alguien se saltó un paso, o porque les daba igual y lo hicieron a mala gana. Y también he visto tejados antiguos, de los de toda la vida, que seguían aguantando dignamente porque alguien, hace años, hizo bien su trabajo y alguien después se preocupó de mantenerlo.
Esto no lo puede hacer cualquiera que mire por encima o lleve un añito en la construcción… Para hacer un buen tejado, quien sea tiene que saber cómo va a comportarse ese tejado cuando caiga la lluvia, cuando apriete el calor, cuando llegue el frío. Tiene que prever los problemas antes de que existan.
Y, con los años, aprendes a ver cosas que antes se te escapaban. Un pequeño desnivel que puede acumular agua. Un punto donde el viento va a castigar más la estructura. Una unión que necesita más atención de la que parece. Son detalles pequeños, pero que, si no los conoces, te van a dar guerra sí o sí.
Si cuando pasan los años, ese tejado sigue ahí arriba, cumpliendo bien, sabes que el trabajo está bien hecho. Y ahí, es cuando puedes decir, que es un buen tejado, ya sea moderno o viejo.
Pensando desde arriba del tejado
A veces, cuando termino una instalación y me quedo un momento mirando desde arriba, pienso en todo lo que ha cambiado.
Antes era rezar para que aguante lo que le echen. Ahora es voy a planearlo todo para que aguante lo que le echen. Antes era fuerza. Ahora es precisión.
Y aunque los de antes parezcan más entrañables y bonitos, ahora todo es más cómodo, limpio, seguro y mejor.
Porque… ¿Cuál es la función de un tejado? ¿Ser bonito o proteger lo de dentro?






